Comprás ingredientes según el cupo y alguien falta sin avisar. Desperdiciás comida y perdés plata — y no hay forma de recuperar ninguna de las dos.
Definís el plazo de cancelación. Si avisan a tiempo, podés ajustar la compra y el lugar pasa a la lista de espera. Si no avisan, pierden el crédito — la pérdida es de ellos, no tuya.